Inicio 2017 marzo II Domingo de Cuaresma

II Domingo de Cuaresma

 

En este Tiempo de Cuaresma, en cada Eucaristía….
Dios abre el Cielo y derrama su Gracia. Esa Gracia que nos transforma, que nos da la fuerza.

El Domingo pasado veíamos a Jesús tentado en el desierto, indicándonos dos cosas:

-Que la tentación será nuestra compañera de viaje,
– y que podemos vencer la tentación si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo.

¡Qué diferencia entre el Jesús tentado del domingo pasado, y hoy Jesús en el Tabor!

Se pasa una semana de la parte más débil a la parte más gloriosa de Jesús.
De la soledad del desierto, a la dulce compañía. Pero, no ocurre también en nosotros?

-No pasamos también nosotros del dolor y el sufrimiento al gozo y la alegría?
-No pasamos también nosotros del vacío, del sinsentido a la plenitud?

Un día nos creemos que estamos cerca de Dios, llenos de Él, y parece que nos comemos el mundo y al día siguiente estamos hundidos, débiles y nos sentimos los más desgraciados.

En este segundo Domingo de Cuaresma se nos hace también una llamada a la esperanza: todos vuestros sufrimientos, todas vuestras preocupaciones, todos vuestros problemas, todo será transformado, transfigurado. Confiad en Él.

“Maestro, ¡qué bien se está aquí”! decían Pedro, Santiago y Juan.
Necesitamos momentos como el que acabamos de escuchar en el Evangelio, momentos de alegría, de paz, de bienestar, momentos en los que como Pedro, Santiago y Juan poder exclamar: ¡” Maestro, qué bien se está aquí”!

Hay demasiada infelicidad en nuestro mundo, hay demasiado sinsentido, demasiados pobres, demasiadas personas que sufren en su cuerpo o en su espíritu, demasiadas dificultades que en la vida se nos presentan, necesitamos
momentos, experiencias en las que como los apóstoles poder decir: ¡Qué bien se está aquí!

Merece la pena la vida, merece la pena seguir adelante, merece la pena empezar cada día de nuevo.

Hermanos, pero esos momentos, sólo se producen cuando es Jesús el que ilumina nuestra vida, nuestras obras, todo…

Pero, ¿dónde está el dichoso Tabor que yo no lo veo? Y Jesús nos dice:

1º- Mirad hacia arriba: y seguro que descubrirás pequeños montes Tabor en cualquier parte del mundo; seguro que descubrirás que hay movimientos, organizaciones, grupos, comunidades. ..que son signos luminosos en nuestra vida.

2º- Mirad hacia dentro: escucha a tu corazón, y te darás cuenta que no estás solo, que todo el misterio de Dios habita en ti.

3º- Y mirad a los lados: hacia los demás y si te fijas bien, verás que es tu hermano, y si te fijas con amor, encontrarás el rostro de Dios en él.

4º- Y mira hacia abajo: hacia el que sufre, hacia el que te necesita, y comprenderàs lo que es el Tabor.

Y aún así podíamos decir: he mirado hacia arriba, hacia dentro, a los lados, y hacia abajo y no he encontrado el Tabor.
Buscas Tabor? Pues mira de una vez a Cristo. Él es el verdadero monte iluminado. El único que puede transformar todo lo que nos agobia. ..

Qué los demás al encontrarse con nosotros puedan decir:
¡¡Qué bien se está aquí!! porque encuentran a Dios.

Que asi sea

Luis Gomariz Hernández

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